Ya está hechito.

En los oficios, cuando un trabajo queda limpio — piso barrido, herramienta guardada, cliente contento — no dices nomás que quedó. Dices que quedó hechito: con cuidado, bien hecho, sin pendientes colgando.

Esa sensación queríamos para la parte del trabajo que nadie quiere. La factura que debes desde la semana pasada. El recibo perdido en la troca. La cotización que vas a escribir "hoy en la noche." El papeleo es donde los buenos negocios se desangran calladito — no porque el trabajo esté mal, sino porque escribirlo nunca tuvo ayudante.

Así que armamos el ayudante. No un programa que operas — una cuadrilla que trabaja para ti: un chalán en el campo, una recepción en el teléfono, un contador en los números. Hablan tu idioma — los dos — y hablan COMO tu negocio, porque tus clientes te contrataron a ti, no a nosotros.

Por qué lo construí

Crecí en Chihuahua. De niño pasé veranos trabajando con mi tío — pasándole la herramienta, acordándome de dónde iba cada cosa. Yo era su chalán. Años después llegué a Estados Unidos con $600 en la bolsa y sin inglés, empecé desde abajo y fui subiendo: más de treinta años construyendo tecnología, hasta dirigirla como ejecutivo.

Pero esto no empezó como una idea. Empezó con mis amigos. Miguel, contratista, tan metido en hacer los trabajos que el papeleo lo enterró. Edgar, pintor, que perdía clientes cada semana porque nadie puede contestar el teléfono arriba de una escalera. Víctor, troquero, cuya temporada de impuestos es una pesadilla que sufre la familia entera. Gente que trabaja más duro que nadie, perdiendo sus noches con un papeleo con el que nadie les ayuda.

Me gusta construir cosas desde cero que le sirvan a la gente. El Chalán, Lupita y Godínez existen por Miguel, Edgar y Víctor. Esta es para ellos — y para ti.

— Francisco, fundador

Promesas que no vamos a romper

Tus datos son tuyos

Tus datos y los de tus clientes nunca salen de tu cuenta. Nadie más construye su negocio con tus números.

El español es de primera

Nació bilingüe — nunca una traducción de última hora.

Hablar no tiene límite

El chiste es contarle cosas a tu chalán. No lo vamos a medir.

Precios a la vista

Nunca vas a agendar una llamada de ventas para oírnos un número.